Autor: Cabizbaja
La pandemia nos volvió islas con las fronteras cerradas. Nuestro cuerpo se volvió el único territorio, laberinto, y plano para recorrer y habitar, durante los días de cuareterna. Este tiempo escilpió un estado de letargo profundo en mi cuerpo. Dormí para evadirme, protegerme y defenderme de la gran amenaza: el tedio.