La naturaleza se recarga con os rayos del Sol que nos calientan, que acarician las hojas de las plantas y las impregnan con la chispa de la vida, para que continúe la infinita rueda de la energía que migra de un ser a otro: de la fruta al grillo, del ave a la serpiente; de la flor al gusano, al armadillo, al tigre. Al final, todo retorna a la tierra y sube nuevamente por la savia de las plantas a recibir las cálidos rayos del Sol para volver a comenzar su eterno fuir.